Desde la Asociación de Transformadores de Vehículos (ASTRAVE), seguimos con atención y con preocupación el clima de incertidumbre que, una vez más, envuelve a millones de conductores en España. La reciente aprobación de la Ley de Movilidad Sostenible, finalmente sin cambios en el actual sistema de etiquetas ambientales de la DGT, ha despejado temporalmente las dudas, pero también ha puesto de manifiesto una realidad evidente: nuestros ciudadanos necesitan más claridad, más antelación y más visión a largo plazo en un momento clave para el futuro de la movilidad.
Durante meses, se ha especulado con la posibilidad de una revisión profunda del esquema de etiquetas actual (B, C, ECO y CERO), una reforma que incluso llegó a plantearse como obligatoria en versiones iniciales del texto legislativo. Sin embargo, la eliminación de ese requisito mediante una enmienda en el Senado ha dejado el sistema tal como está. Esto significa algo muy simple, pero absolutamente esencial: no habrá cambios obligatorios en las etiquetas, al menos por el momento. Y ese mensaje es exactamente el que necesitaban escuchar tanto particulares como empresas, profesionales del transporte, pymes, repartidores y un largo etcétera de usuarios que dependen cada día de su vehículo para trabajar o desplazarse.
Desde ASTRAVE celebramos esta continuidad. No porque el modelo actual sea perfecto, que no lo es, sino porque modificarlo de forma precipitada habría supuesto un golpe serio para la seguridad jurídica, la estabilidad del mercado y la confianza de los consumidores. No podemos pedir a la ciudadanía que invierta en nuevas tecnologías, o en la adaptación de sus vehículos, mientras viven con la sensación permanente de que “todo puede cambiar mañana”.
La etiqueta ECO, un puente necesario entre el presente y el futuro
La etiqueta ECO ha sido, desde su creación, una herramienta de transición imprescindible. Representa ese espacio intermedio entre la combustión tradicional y el vehículo 100% sostenible: tecnologías más limpias, más eficientes y adaptadas a las necesidades reales de la mayoría de los usuarios.
Un amplio conjunto de vehículos (híbridos no enchufables, microhíbridos y, especialmente, vehículos transformados a GLP, más consolidados) conforma un ecosistema que ha permitido avanzar en la reducción de emisiones sin exigir un salto tecnológico para el que muchos ciudadanos aún no están preparados.
Por eso defendemos con firmeza que la etiqueta ECO siga ocupando el lugar que tiene hoy: un incentivo realista, que mejora la calidad del aire y facilita la circulación en Zonas de Bajas Emisiones, pero sin excluir económicamente a quienes no pueden asumir el coste de un vehículo eléctrico nuevo.
En este punto es importante destacar el papel del GLP, una tecnología consolidada, madura, asequible y capaz de transformar vehículos ya existentes para prolongar su vida útil con menores emisiones. La conversión a GLP para vehículos gasolina EURO 4 o superiores, y vehículos diésel EURO 6, sigue siendo una de las formas más eficientes de acceder a la etiqueta ECO sin sustituir el coche. Es una economía circular aplicada a la movilidad que permite aprovechar recursos ya disponibles y generar un impacto ambiental positivo inmediato.
Por otro lado, no son pocos los ayuntamientos que ya han puesto en marcha sus Zonas de Bajas Emisiones sobre la base de las etiquetas de la DGT. ¿Qué habría ocurrido si estas cambiaban de un día para otro? Una complejidad administrativa que habría ralentizado aún más la implantación de las propias ZBE, que ya avanza con dificultad en muchos municipios.
Claridad, transparencia y planificación, tres pilares imprescindibles
En ASTRAVE creemos firmemente en la descarbonización de la movilidad. Pero creemos, también, que solo será posible si se articula sobre un modelo inclusivo, donde convivan múltiples tecnologías ya maduras y plenamente capaces de reducir emisiones: eléctricos, híbridos, hidrógeno, gas, biocombustibles avanzados… No se trata de escoger una única vía, sino de aprovechar todas las que ya están disponibles mientras se desarrollan otras nuevas.
La movilidad del futuro no puede construirse sobre titulares cambiantes, rumores o decisiones tomadas con prisas. Para que la ciudadanía confíe y participe en la transición ecológica, necesita saber qué se espera de ella mañana, dentro de cinco años y dentro de diez.
Los conductores quieren y deben adaptarse, pero para adaptarse necesitan previsibilidad. La transición ecológica es un reto común, pero su éxito dependerá de que avancemos con responsabilidad, con visión de largo plazo y con respeto a la diversidad tecnológica que hoy ya nos permite reducir emisiones sin dejar a nadie atrás.
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