Uno de los mayores temores a la hora de transformar un vehículo a Autogas es pensar que el motor va a sufrir o que las averías van a neutralizar el ahorro del combustible. ¿La realidad? Es justo lo contrario. El GLP es un aliado excelente para la mecánica de tu coche. Desmontamos los mitos más comunes y te explicamos por qué un motor a gas puede durar muchos más kilómetros en perfectas condiciones, además de detallarte el sencillo mantenimiento que requiere.
El mito del desgaste y la sequedad de las válvulasSeguro que alguna vez has escuchado que el GLP «reseca el motor». Este es un eco del pasado [1.1.3]. Es cierto que el gas, al entrar en estado gaseoso en el cilindro, no tiene el mismo poder lubricante que la gasolina líquida. Sin embargo, los sistemas de inyección modernos que instalamos en Astrave tienen esto totalmente resuelto. Dependiendo del motor, la centralita se programa para realizar microinyecciones imperceptibles de gasolina o se instalan sistemas de aditivación automática (protector de válvulas) que garantizan una lubricación constante y perfecta.
Combustión limpia: un motor más sano por dentro
La gran ventaja mecánica del Autogas es su composición. Al ser un combustible con una combustión muchísimo más limpia que la gasolina o el diésel, genera bastantes menos residuos carbonosos (la famosa carbonilla). ¿En qué se traduce esto para ti?
Aceite más limpio: Al no contaminarse tanto con residuos de la combustión, el aceite del motor mantiene sus propiedades lubricantes de forma óptima durante más tiempo
Menos fricción: Menos depósitos en los cilindros y pistones significan un desgaste interno mucho menor
Suavidad de marcha: El motor se vuelve más silencioso y transmite menos vibraciones al habitáculo.
¿Qué mantenimiento extra necesita realmente un coche a GLP?
El mantenimiento de un sistema de Autogas es tremendamente sencillo y económico, y suele coincidir con las revisiones rutinarias de tu coche [1.2.1]. Básicamente consiste en:
Sustitución de filtros: El sistema cuenta con dos pequeños filtros (uno de fase líquida y otro de fase gaseosa) que evitan que las impurezas del surtidor lleguen a los inyectores. Se suelen cambiar cada 20.000 o 30.000 kilómetros, dependiendo del fabricante, y son repuestos muy baratos.
Revisión visual y de estanqueidad: En la revisión se comprueba que no hay fugas en el circuito mediante detectores específicos y se revisa el estado general de las mangueras y el depósito.
Diagnosis: Se conecta el ordenador a la centralita del GLP para asegurar que los tiempos de inyección y la mezcla son los correctos.
En definitiva, transformar tu coche a GLP no supone un dolor de cabeza en el taller. Con un mantenimiento preventivo básico, estarás protegiendo tu motor y asegurando que te acompañe durante muchísimos kilómetros más de los que imaginas.
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