La transición hacia una movilidad más limpia sigue su curso, pero los profesionales del transporte y los conductores particulares se enfrentan a un reto diario: el coste del combustible. En este contexto, el Autogas (GLP) se ha consolidado no solo como la alternativa ecológica más viable, sino como un refugio económico frente a la volatilidad de la gasolina y el diésel.
El mapa del suministro: Una cobertura total
Una de las grandes barreras históricas de los combustibles alternativos ha sido la falta de infraestructura. Sin embargo, según los registros actuales del Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO), España ya cuenta con una red consolidada que supera ampliamente las 900 estaciones de servicio que suministran GLP. Grandes operadores como Repsol, Cepsa y Galp, junto con multitud de estaciones independientes, han integrado surtidores de Autogas en todas las provincias españolas. Esto significa que, hoy en día, una empresa de reparto o un conductor comercial puede cruzar la península de punta a punta sin temor a quedarse sin suministro, apoyados siempre por el depósito secundario de gasolina.
Blindaje económico ante la inflación
Mientras que la gasolina sin plomo 95 sufre fluctuaciones constantes dependiendo del panorama geopolítico, el GLP mantiene una estabilidad fiscal y de mercado envidiable. El precio medio del Autogas se sitúa de forma sostenida en el umbral de los 1,15 – 1,20 € por litro, lo que supone prácticamente un 40% o 50% de ahorro directo en el surtidor frente a los combustibles tradicionales.
Para un gestor de flotas, esto se traduce en predictibilidad: los costes operativos mensuales se reducen de forma drástica, permitiendo una amortización rápida de los equipos de transformación.
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