La transformación a GLP se ha consolidado como una de las soluciones más interesantes para quienes buscan reducir el gasto en combustible y, al mismo tiempo, seguir circulando sin restricciones en muchas ciudades. Sin embargo, hay una idea muy extendida que conviene aclarar: convertir un coche a GLP no garantiza automáticamente la obtención de la etiqueta ECO.

La razón no tiene que ver con la calidad de la instalación ni con el funcionamiento del sistema, sino con la base técnica del propio vehículo. En este artículo, te explicamos cómo identificar qué vehículos consiguen la etiqueta ECO con la conversión a GLP.

La normativa europea de emisiones es clave

En España, la clasificación ambiental no se asigna en función del combustible que utiliza el coche en la actualidad, sino de la normativa de emisiones que cumple desde su homologación de fábrica. Es decir, lo que determina la etiqueta es la tecnología anticontaminación con la que fue diseñado el vehículo y el estándar EURO bajo el que se matriculó por primera vez.

Por eso, para que un coche transformado a GLP pueda recibir la etiqueta ECO, es imprescindible que antes tenga la etiqueta C. En los motores de gasolina esto implica cumplir la normativa EURO 4, lo que, en términos generales, corresponde a vehículos matriculados a partir de 2006. En los diésel el requisito es aún más exigente: deben ser EURO 6, es decir, matriculados desde 2016.

Aquí es donde surge la confusión. Desde un punto de vista técnico y medioambiental, un coche que funciona con GLP emite menos partículas, reduce los óxidos de nitrógeno y genera menos CO₂ que cuando utiliza exclusivamente gasolina. En la práctica, contamina menos y su impacto en la calidad del aire es menor. Sin embargo, la etiqueta ambiental no se basa en las emisiones reales en uso cotidiano, sino en los valores homologados y en los sistemas de control de emisiones que incorpora el vehículo de origen.

Ejemplos prácticos

Un modelo anterior a EURO 4 puede funcionar perfectamente con GLP y ser más limpio que muchos coches más modernos funcionando solo con gasolina, pero seguirá teniendo un catalizador, una gestión electrónica y unos sistemas de depuración propios de una normativa más antigua. A efectos administrativos, eso significa que su categoría ambiental no cambia.

Esto se entiende mejor con un ejemplo sencillo. Un turismo de gasolina matriculado en 2004 puede transformarse a GLP, reducir notablemente su coste por kilómetro y disminuir sus emisiones, pero seguirá sin etiqueta ECO porque no alcanza la clasificación C de partida. Sin embargo, un modelo matriculado en 2007, que sí cumple EURO 4, tras la transformación pasa a ser considerado un vehículo bifuel de bajas emisiones y obtiene la etiqueta ECO.

En el caso de los diésel, la situación es todavía más restrictiva. Aunque existen sistemas de funcionamiento dual con GLP, solo los diésel más modernos, los que cumplen la normativa EURO 6, pueden aspirar a esa etiqueta. Esto hace que, en la práctica, la gran mayoría de las transformaciones a GLP se realicen sobre motores de gasolina.

Es importante conocer esta información previamente para saber hasta qué punto es viable la consecución de la etiqueta ECO con la conversión a GLP. Para muchos conductores, no obstante, sigue siendo una decisión rentable en cualquier caso, porque el ahorro en combustible es considerable, la autonomía aumenta al disponer de dos depósitos y las emisiones reales se reducen. 

Pero, si el objetivo principal es obtener la etiqueta ECO para acceder a zonas de bajas emisiones o beneficiarse de ventajas fiscales y de circulación, entonces es fundamental comprobar antes la normativa EURO del vehículo.

En definitiva, la transformación a GLP sí es una solución más limpia y económica, pero la etiqueta ambiental depende de la tecnología con la que nació el coche. Entender este punto es clave para tomar una decisión informada y evitar expectativas que luego no se cumplen.